Lo ha vuelto a hacer. Y ya van muchas, demasiadas para los mortales pero insuficientes para él, que parece no ser de aquí, de esta tierra, sino de una más lejana donde la palabra ‘rendición’ no existe. Rafa Nadal ha vuelto a hablar alto y claro donde más le gusta y como más nos gusta verlo: en la pista de tenis. Esta vez fue sobre superficie dura, aquella que no le ve levantar un título desde el conquistado en Doha a principios de 2014 frente a Gael Monfils.

Volvió el Rey

Pero el domingo pasado sí, ya tocaba. ¿Quién diría al ‘Rey de la Tierra Batida‘ que este año volvería a desplegar su mejor tenis, tras un sinfín de lesiones e infortunios en su juego durante los últimos meses? Posiblemente se estaba reservando. Tal vez necesitaba ese punto de confianza y regularidad de antaño. Ese que ha vuelto a conseguir y que le ha empujado hacia el número 1 en la clasificación ATP y a levantar dos Grand Slam con un juego descomunal y un ejemplar trabajo físico, provocando que sus rivales se limiten a arrodillarse frente uno de los mejores tenistas (y seguramente, deportistas) de todos los tiempos.

Las malas lenguas, aquellas que no creen (o no conocen) en la capacidad de superación del manacorí, lo tachaban de estar ya en sus últimos momentos de esplendor; que su juego se iba apagando a la par de que sus rodillas iban envejeciendo. Pero él, cual ave fénix, ha vuelto a resurgir de sus cenizas, una vez más, para demostrar al mundo entero que sus lesiones parecen ser cosa del pasado y que su mejora tanto en el plano físico como mental han dado sus frutos, y con creces. Nadal ha vuelto a transmitir esa sensación de insuperabilidad que pocos deportistas saben lucir tan bien como él. Esa confianza en sí mismo, esa fortaleza mental, esa agilidad en sus piernas (nótese en su rapidez de movimientos durante la final del domingo) y ese gen ganador que tienen los grandes, que a pesar de ir acumulando éxitos, no pierden nunca. Y aunque parezca mentira, suele ser más difícil mantenerse en la cresta de la ola que cogerla.

No deben quedar adjetivos para definir a Rafa. Parece que el diccionario se ha quedado obsoleto a la hora de buscar palabras que permitan explicar los hitos que el tenista no deja de alcanzar. Y ya van muchos anotados a su palmarés, encumbrado con un total de 16 Grand Slam a lo largo de su carrera, a tres del otro Superman del tenis (y amigo íntimo del español): Roger Federer, que posee 19, y que parece que ha vuelto a su segunda juventud, puesto que ha sido él el encargado de adjudicarse los otros dos grandes circuitos del año: Wimbledon y el Abierto de Australia (este último frente al propio Nadal en la final).

 

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Fuente: Getty Images; Edición: Click Magazine

La grandeza del tenis español

Pero no sólo el tenis masculino está de enhorabuena. El lunes se certificó la supremacía, en estos momentos, del tenis español sobre el resto, tras la publicación de las clasificaciones de la ATP y a WTA, donde tanto Rafa Nadal como Garbiñe Muguruza aparecen en lo más alto de ambas, siendo esta la primera vez que dos españoles (de distinto sexo) ocupan el nº1 en sus respectivas modalidades.

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Los éxitos de Rafa Nadal son ya bien conocidos, pero la labor y el trabajo que lleva haciendo durante este último la española (conquistó Wimbledon, derrotando en la final a la mismísima Venus Williams) le ha servido para auparla hasta el trono del tenis femenino…y sólo tiene 23 años. Quedan muchos éxitos por delante para la joven nacida en Caracas (hija de padre español y madre venezolana), mucho que madurar en su juego y mucho que aprender. Y aún así, hoy por hoy, se puede permitir el lujo de mirar a sus compañeros de profesión desde lo más alto (en el buen sentido) y al gran Rafa de tú a tú. Y seguramente, esta no sea la última vez que lo haga.